Preocupaciones
Una vez más he dormido horriblemente mal. Realmente la vida pasa factura de todos y cada uno de nuestros actos. Lo malo es, cuando la deuda ha de abonarse por aquellos que solo estaban de paso y responden igualmente de los actos de los que generaron el crédito.
Me encuentro ahora, a estas alturas de la vida con la preocupación de tener que preocuparme por el futuro de mi madre. Tengo la sensación de que nos hemos pasado la vida cuidando de nuestros mayores, como si siempre hubiésemos sido padres protectores y responsables. Siempre nos hemos ocupado de ellos de su porvenir, de su futuro...,y del mío? Y del de mis hermanos? ¿Quién se ha ocupado de nosotros?
No sé, es un sentimiento rabioso y contradictorio. Por un lado les reprocho su egoísmo y por otro se lo agradezco, porque soy como soy gracias a ellos y si de algo tengo orgullo es, que sé que nunca me faltará nada, se buscarme la vida perfectamente y de momento no me va mal.
He dicho egoísmo. Pero lo más curioso de todo ello es que mis padres nunca supieron que eran egoístas, nunca imaginaron otro sistema para convivir, distinto al que utilizaron. Mi madre se ha pasado la vida sufriendo por la gran preocupación que le producíamos y le producimos sus hijos, y nosotros preocupados por su preocupación. En fin que no entiendo nada pero estamos donde estamos. Sin embargo, la adoro, no quiero que sufra ni lo pase mal. Ya estoy otra vez, ejerciendo de progenitor / protector.
Admiro a mi padre, o mejor dicho, admiraba a mi padre, porque murió hace unos años víctima del dichoso cáncer. Creo que es más correcto decir que admiro, porque aunque se haya muerto le sigo admirando. Un hombre brillante, con chispa, inteligente, político, escritor, amigo... todas las cualidades que se le puedan pedir a un hombre, siempre que no tenga responsabilidades. En responsabilidad siempre sacaba un “cero”, un desastre! Por eso estamos donde estamos, insisto, pero es otro cantar , ya irán saliendo los recuerdos de mi cabeza.
Yo que en la infancia me las daba de escritora, siempre me gustaba consignar en los papeles que “recordar era como vivir dos veces”, como si esa frase fuese lo más inteligente, sensible y literario que nadie hubiera dicho antes. Ahora pienso que en primer lugar eso es una tontería, porque hay recuerdos que uno quisiera que nunca volviesen a la cabeza, y en segundo lugar, porque hay otros en los que, aunque intentemos recrearnos, nos es muy difícil revivir la dicha de aquellos momentos. En definitiva, la frase es falsa.
Pero ahora, que estoy recordando lo vivido (o no porque siempre tengo un componente de fantasía en todos los actos de mi vida) no viene mal rememorar la frase “inmemorable” para darle a este cuaderno de Rucumarca algo de romanticismo que siempre está muy bien.
Mi padre nos enseñó a amar su tierra. Mi tierra. Cuando volví a Alivia 14 años después de la última vez, tengo que reconocer que me sentí bien, más que bien, como si volviese a casa...
Pasé cerca de mi casa, me pareció que todavía olía a sangre. Siempre digo que nunca he visto un muerto, ahora no se si me lo estoy inventando o no, porque recuerdo haber visto a una cholita toda morada tumbada en una cama, estaría muerta? Pero que hacíamos viendo a una cholita morada en su cama?, pues no lo se. El hecho cierto es que estaba jugando en el parque con mis primas. Era una niña , aunque nunca me he sentido niña, lo que se dice niña, nunca. El caso es que de repente llegó hasta nosotras una chica a la que le salía la sangre a borbotones de una agujero negro en la pierna. Debo confesar que no me impactó, o sí me impactó porque si no, no me acordaría, pero no tengo yo en la cabeza la idea de que me aterrorizara o tuviese miedo. ¡Váyanse! ¡Se ha escapado un tiro! ¡Hay más!. Bajamos corriendo la cuesta que había hacia mi casa y lo siguiente que recuerdo es ver a la cholita morada... Qué país!, decían los mayores (como es su obligación, solo los mayores del origen geográfico que sea dicen “qué país”) y la verdad es que qué país, que convulso, que lleno de vida, que a punto de reventar siempre. Ese es su atractivo, esa sensación de que siempre está ocurriendo algo, que siempre va a suceder “no se que cosa” que va a cambiar el país. Pero siempre es el mismo: salvaje, atractivo, duro, triste.
