CUENTO PARA HOY
Había una vez, en un país -ni cercano ni lejano- en el que vivían una muchacha y una mujer dentro de un cuerpo algo pequeño, pero que era lo suficientemente confortable para que ambas tuvieran una relación feliz y completa: La irracionalidad de la muchacha era mejorada habitualmente por la racionalidad de la mujer. La cabeza de la mujer era dotada normalmente por las ideas que brotaban del corazón de la muchacha, el hedonismo de la muchacha era suavizado con el pragmatismo de la mujer…, y así, discurrían los años plenos, fáciles y felices.
Un día la mujer y la muchacha cruzaron su mirada con la del hombre de cuya boca brotaban palabras maravillosas. En un primer momento la mujer bajó la mirada pero la muchacha se sintió atraída sin remedio por aquel hombre que estaba tan cerca del cielo.
La mujer insistió a la muchacha que su vida era tranquila y feliz y que nadie tenía que revolverla, sin embargo, la muchacha también insistía en acercarse y seguir escuchando al hombre de cuya boca brotaban palabras maravillosas, y tanta fue la insistencia de esta última, que de su corazón manó sin remedio una capa de una extraña lava que sepultó irremediablemente a la mujer.
El hombre de cuya boca brotaban palabras maravillosas consiguió tener a su lado a la muchacha que se bebía todas y cada una de las palabras que él le dedicaba. La muchacha quería ser la esposa de aquel hombre, la madre de los hijos de aquel hombre, su compañera, su amiga, sin embargo y sin poderlo evitar de vez en cuando oía a la mujer que le hablaba desde debajo de aquella lava y le decía que el hombre ya era feliz, que ya tenía esposa, que ya tenia hijos, que ya tenía compañera y amiga… pero el corazón de la muchacha no cesaba de proporcionar a aquel cuerpecillo de aquella extraña lava que lo escondía todo. El hombre sonreía.
Después de 475 días felices, la muchacha tuvo la ocasión tan anhelada de poder escuchar, observar, mirar y estar sin reserva alguna con el hombre. Era feliz. Le haría feliz definitivamente. Pero cuando fue a dirigirse a él con su corazón de muchacha henchido de amor, quien habló fue la mujer que sin levantar el tono presentó ante la muchacha la realidad de su dicha. La muchacha supo en ese momento que nunca sería mirada de frente, que seguirían esperándola en oscuras esquinas. Supo en ese momento que nunca sería la compañera de aquel hombre. Supo que nunca brillaría a su lado. Supo que nunca compartiría con él más que las palabras maravillosas que de su boca brotaban. Supo que había condiciones. Supo que el hombre la quería pero no la amaba. Supo que el hombre, sin saberlo creía haber encontrado en ella algo parecido a lo que de verdad deseaba. Supo que ella no era la deseada. Supo que las palabras maravillosas que brotaban de la boca de aquel hombre ya habían sido escuchadas por otros y que probablemente serían también escuchadas en un futuro por la persona que él imaginaba que era ella. Supo que al hombre le molestaba la mujer. Supo que en ese preciso instante que era el día 475 nada era diferente al día 1.
La muchacha, bajó los ojos para no encontrase con los del hombre, sintió un vacío tan grande que en ese momento el cuerpo en el que habitaba se le antojaba gigantesco y decidió que, siendo ya tan ligera como una pluma se la llevara el viento en silencio…mientras del hombre seguían brotando palabras maravillosas que nunca fueron para ella.

alguien como aquel hombre dijo
yo soy otro hombre de cuya boca brotan palabras maravillosas, no el de tu cuento, pero si de el de alguien mas, solo que yo amo, amo mi vida y amo mi otra vida, amo para siempre y amo por hoy, mi niña no sabe que tarde o temprano sufrira, no le permito saberlo, pero yo lo se y eso duele.
no puedo cambiar mi pasado ni quiero hacerlo, pero no me quiero negar mi futuro, mis futuros, esos que solo existen en mi imaginacion.
en fin, no pienso renunciar, se que algun dia encontrare una solucion.
espero encuentre la tuya.
11 Octubre 2006 | 09:52 PM